Pulsación lectora – Bertrand Russell y educación

By Bassano Ltd [Public domain], via Wikimedia Commons

“Los hombres temen al pensamiento más que a cualquier otra cosa en la tierra, más que a la ruina, incluso más que a la muerte. El pensamiento es subversivo y revolucionario, destructivo y terrible; el pensamiento es despiadado con el privilegio, las instituciones establecidas y los hábitos confortables; el pensamiento es anárquico y sin ley, indiferente a la autoridad, despreocupado de la acreditada sabiduría de las edades. El pensamiento escudriña el abismo del infierno y no tiene miedo. Ve al hombre, esa débil partícula, rodeado por insondables profundidades de silencio; sin embargo, procede arrogante, tan tranquilo como si fuera el señor del universo. El pensamiento es grande, y veloz, y libre, la luz del mundo, y la principal gloria del hombre.

Pero para que el pensamiento llegue a ser posesión de muchos, no privilegio de unos pocos, debemos eliminar el temor. Es el temor lo que mantiene a los hombres atrasados: el temor de que sus queridas creencias resulten engañosas, el temor de que las instituciones por las que viven resulten dañinas, el temor de que ellos mismos resulten menos dignos de respeto de lo que habían supuesto que eran.

“¿Debe el trabajador pensar libremente acerca de la propiedad? Entonces, ¿qué será de nosotros, los ricos? ¿Deben los jóvenes, hombres y mujeres, pensar libremente acerca del sexo? Entonces, ¿qué ocurrirá con la moralidad? ¿Deben los soldados pensar libremente acerca de la guerra? Entonces, ¿qué ocurrirá con la disciplina militar? ¡Basta de pensamiento! ¡Retornemos a las sombras del prejuicio, para que no corran peligro la propiedad, la moral y la guerra!

Es mejor que los hombres sean estúpidos, lerdos y tiránicos, y no que su pensamiento sea libre. En efecto, si su pensamiento fuera libre, podrían no pensar como nosotros. Y este desastre debe evitarse a toda costa”.

Así argumentan los oponentes del pensamiento en las profundidades inconscientes de su alma. Y así actúan en sus Iglesias, sus escuelas y sus Universidades.

Bertrand Russell – The Principles of Social Reconstruction (1926)

 

No se si la aseveración inicial sea así de grande, pero estoy de acuerdo en que si no es el mayor temor, sí uno con sumo peso e influencia en las acciones humanas. Y ¿a qué viene con nuestro tema? Pues me hace pensar en el temor desde el cuál específicamente abordamos la educación que, al final, es (o debería ser)  llave y puerta hacia un pensamiento libre, liberador y consciente.

Yo agregaría las preguntas:

  • ¿Debe el estudiante pensar libremente sobre la educación?. Por supuesto que desde mi lado y como se dice coloquialmente: ¡De eso pedimos nuestras limosnas!. Esto desde luego involucra la comprensión plena de libertad (léase libertad vs libertinaje). Imaginar que piensan libremente sobre su educación sería un indicador clave de que tienen consciencia de su ser como persona y humano, de su contexto, de su responsabilidad hacia si mismos, la sociedad y el mundo.  O eso me gustaría imaginar… Quizá yerro de iluso.
  • ¿Debe el profesor (maestro, catedrático, etc.) pensar libremente sobre la educación?
  • ¿Debe la universidad pensar libremente sobre la educación?

Y más allá del deber…¿Querrán?

Lo que me sorprende sobremanera es que esto fue escrito en 1916… ¡Hace ya 100 años! Y aunque no le resto importancia a ese otro tema de este nuestro blog, solo les gusta vanagloriarse del tremendo avance que se ha devenido a partir de mediados del siglo XX en lo tecnológico. Pero… ¿y el pensamiento? ¿y la educación?

Por último, también agregaría en el segundo párrafo el temor muy en boga de la pérdida de la zona de confort que, además, se ve fomentado por la cada vez mayor oferta de servicios y dispositivos de las compañías que lo único que provocan es hacerle pensar a las personas que lo suyo es la comodidad, es lo que se merecen por el simple hecho de ser humanos…

Hay mucho que me desprende y me enreda con muchos otros temas este extracto, pero sólo lo dejaré hasta aquí y poco a poco iré compartiendo lo que esto va desatando. Por otro lado, les recomiendo leer a Erich Fromm y su libro Sobre la desobediencia (ahí es donde me encontré con el texto), tiene muchas cosas interesantes que al menos a una mente como la mía – que le encanta aprender siempre y de todos lados – resulta madeja.

 

Y a ustedes ¿Qué pulsaciones les provoca? O ¿les provoca?

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